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El organillero de El Palo

02/05/2011.

Desde hace más de dos años, este trotamundos del norte de Alemania pone la banda sonora en las calles de la zona este de la capitalAcompañado de su característica música, Jörg Perleberg se ha convertido en un habitual del barrio

Jörg Perleberg, conocido ya en el barrio como Jorge, posa con su inseparable organillo. :: JORGE MAGA

Jörg Perleberg, conocido ya en el barrio como Jorge, posa con su inseparable organillo. :: JORGE MAGA

¿Qué tienen en común el sur, el norte, un organillo, un virtuoso de la guitarra, un cura francés y las vistas al mar en El Palo? La respuesta: Jörg Perleberg. El organillero es el nexo de unión entre varios mundos distintos. Con su camisa de pescador de rayas blanquiazules, su fular rojo y su dialecto del norte de Alemania, saluda a sus vecinos del paseo marítimo de El Palo, antes de darnos una idea de su interesante pasado y su más que curioso presente. Aunque «desde que me jubilé, no me gusta concertar citas», este organillero, natural de la región alemana de Pomerania y de 67 años, recibe a SUR y explica que, tras dedicarse durante décadas a la organización de eventos en Scharnebeck (cerca de Lüneburg), decidió dejarse llevar exclusivamente por su «musa». En el sentido literal de la palabra.
Apasionado del motociclismo, Jörg Perleberg, al que también llaman 'Perle', descubrió con su moto los rincones más soleados de Europa, hasta que una operación le obligó a bajarse de las dos ruedas y dejar su 'hobby' para siempre. Pero todavía le quedaban otros alicientes: además de viajar, a Perle le fascinaban los organillos, de modo que decidió combinar ambas pasiones. Desde hace unos dos años, pasa los meses de invierno en Málaga. No obstante, Perle no se considera un músico, aunque reconoce que su organillo original Stüber, hecho a mano, «no toca solo».
Y es que para sacar notas de su instrumento se necesita sobre todo sentido del ritmo. Aunque Perle no canta: «Entonces la gente huiría despavorida», confiesa con una sonrisa. Jörg Perleberg casi ha perdido la cuenta de los numerosos lugares a los que le ha llevado su organillo y las personas que ha conocido. «Algunos se asustan, pensando que estoy un poco loco. Pero la gente interesada se acerca a mí y busca conversación. A veces se establecen incluso profundas amistades», reconoce este músico callejero.
Los niños de Kolo
Entre otros, mantiene una estrecha amistad con los niños de un hogar infantil en Kolo, Polonia. Ahí tocaba el organillo berlinés en la plaza del mercado recaudando donativos para la institución. Su sombrero de paja, ya un poco deshilachado, llegó incluso a verse en la televisión polaca. Pero el mero hecho de hablar de ello casi le sonroja. «No toco por la fama o el dinero, sino por pura diversión». Así, los regalos hechos a mano por los niños fueron su mejor recompensa. «Hace que se te llenen los ojos de lágrimas», confiesa este trotamundos.
Gracias a esta agradable y abierta personalidad, Perle ha sabido integrarse también en El Palo. «A la gente de aquí le gusta compartir momentos», explica Perleberg, al que sus nuevos vecinos tardaron poco en 'españolizar' con el nombre de 'Jorge'.
«Este maravilloso barrio es mi lugar favorito para tocar», manifiesta el organillero, cuya música parece que también gusta a sus vecinos, ya que todo el mundo le saluda amablemente. Aunque todavía le cuesta un poco comunicarse en español, Jorge ya es uno de ellos. A veces los vecinos le regalan pescado fresco.
Jörg Perleberg sabe apreciar este gesto, no solo por su afición a la pesca de caña, sino porque es consciente que «la gente aquí no lo tiene fácil en la vida. A pesar de ello, son felices y tienen un corazón increíble».
Encuentros musicales
Pero el «loco alemán» no solo atrae a los lugareños. Un rodillo de música produce canciones de entre cinco y ocho minutos de duración. Desde canciones alemanas de éxito hasta coplillas españolas, el amplio repertorio ofrece de todo para entretener a los transeúntes en las avenidas y paseos. Cuando se acaba, el rodillo debe rebobinarse a mano. En este intervalo, a menudo tienen lugar interesantes encuentros, como el que Perle recuerda con el compositor y director de orquesta zaragozano José d'Aragón. Sin saber quién era, entablaron «una interesante conversación sobre música e interpretación». «Lo que importa no es quién es José d'Aragón sino cómo es: una persona agradable y simpática. Y por eso, gracias a él -al organillo- nos hicimos íntimos amigos», cuenta Perleberg, una persona «muy sociable» que aprecia «el contacto por encima de todo».
Con el calor se marcha
Con el cambio de tiempo y la llegada del calor, Jorge vuelve a Alemania. Bien es verdad que este trotamundos, padre de dos hijas, también siente predilección por su 'bungalow' en Bülo am See (una región alemana de Meclemburgo), pero admite que «el tiempo que paso en Málaga se me hace corto. Quizás el año que viene me quede un poco más».
Comparte su pasión por El Palo y Pedregalejo con un íntimo amigo, el sacerdote Michel Rennes. Éste último ha publicado un libro de fotos con en título 'Huellas malagueñas', en el que declara su amor a los dos antiguos barrios de pescadores. Con orgullo, Perleberg enseña un ejemplar con una dedicatoria personal. De alguna manera, también es un libro sobre él.
A la pregunta de por qué se decidió por este lugar, Perle contesta describiendo su rutina diaria: «Salgo de mi piso en primera línea de playa con mi organillo a cuestas. Detrás tengo las montañas, delante el mar, a mi lado gente cariñosa y, además, brilla el sol ¿dónde puede estar uno más contento que aquí?». No se me ocurre ninguna respuesta
 
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