30 AÑOS DE LA DESTRUCCIÓN DEL MURAL DE JOAQUIN LOBATO

01/08/2018

El Mural de Joaquín Lobato formaba parte del proyecto cultural “POR UN CAMBIO DE IMAGEN”, que esta Asociación de vecinos desarrollaba en un intento de aunar criterios culturales, artísticos y urbanísticos.

la Aprobación del nuevo Plan General de Urbanismo pone al descubierto al reducir las alturas de los edificios, aquellas paredes medianeras que nunca van hacer tocadas y por tanto condenadas a la fealdad que suponía encontrar un paramento liso y árido configurando un paisaje opresivo en un barrio como el nuestro, claro ejemplo de la especulación del suelo y la mala planificación urbana en una época ya pasada donde privaban mucho más los intereses particulares a los colectivos

Este intento permitía aprovechar este soporte que nos ofrecen estos edificios “fuera de ordenación”, para crear arte, establecer mediante pinturas murales, una continua serie de creaciones de aquellos artistas comprometido con la idea para ir componiendo una trama de color, forma y espacios que nos permita cambiar la imagen que nos ofrece una realidad manifiesta de unos edificios excesivamente altos y angostos donde los arquitectos que los diseñaron sólo obedecían órdenes del mayor aprovechamiento para el máximo de beneficios.

Al mismo tiempo y parejo a la satisfacción que soporta el que participa en una idea cultural y protesta pacífica en una realidad que nadie( en su sano juicio), puede gustar, existe la observación con el tiempo que transcurre desde que la pintura se termina a los comentarios  que suscita en la calle que como la misma pintura en si poseen los más diversos colores y firmas, desde el que ve en el mural de Dámaso Ruano unas puertas abiertas o ventanas en el de Paco del Pino pasando  por el de Pepa Caballero, quizás el menos comentado al comparase con “una carta de colores”.

Pero tal vez el más comentado era este de Joaquín Lobato al ser el más realista de todos  dado el carácter poético de su autor, simulaban unas caras en distintas expresiones, de éxtasis, alegría, tristeza o sueño, aun que lo más significativo de sus caras  eran sus narices. Tan evidente que el saber popular lo aprobaba  el de “los pinochos” y claro, esto ocasiono, dada la ignorancia demostrada, que casi todos conociéramos este edificio como el de “los pinochos” y es que da la circunstancia lamentable, fuera de ninguna intención, que los dueños del edificio poseen todos y cada uno de ellos un apéndice tan desarrollado que hace bizquear, señalar o avergonzar  a los poseedores de miembros tan generosos.

Estos señores poseedores de tan ilustre “olfato” para los negocios dado el nivel económico alcanzado con una empresa que vende películas de guerra, violencia y sexo deben haberse sentido ofendido al parecer por una espontanea y coincidente caricatura sin intención. Otra explicación no cabe en el resto de las mentes.

El resto ya se conoce, aprovechando la falta de vigilancia, y sin ningún tipo de autorización concedida por el organismo competente, en este caso por el Ayuntamiento, castaronse un no poco dinero destruyendo la estampa poética de Joaquín Lobato imprimiéndole encima tres capas de pintura blanca desde un andamio colgante, mientras sus narices oteaban alrededor llegando incluso a percibir la presencia de un fotógrafo que recogía el evento. A pesar de las agresiones, insultos y amenazas proferidas aquí existe un documento grafico que sirve de base para las distintas denuncias prácticas a los organismos afectados, así como para la acción judicial que esta asociación va a presentar ante los tribunales ordinarios.

 

Autor. Equipo de redacción del Copo. Año. Abril 1988.