A la luz de La Niña de la Puebla

09/08/2018

La cuarta gala de la 58 edición del Festival Internacional del Cante de las Minas de La Unión trajo anoche dos propuestas interesantes y contrastadas en su calidad. Una de ellas, bien conocida, es la de Arcángel junto a las Voces Búlgaras, espectáculo presentado en esta ocasión como Al este del cante. Y cerrando la noche estuvo la malagueña Antonia Contreras —ganadora de la Lámpara del festival en 2016— con su particular homenaje a Dolores Jiménez Alcántara, La Niña de La Puebla.

Con A la sombra de tu cante, Contreras, amparada y mecida por la exquisita guitarra de Juan Ramón Caro, quiere restablecer la memoria de aquella mujer nacida en la campiña sevillana, en La Puebla de Cazalla, que para varias generaciones ha quedado como la anciana ciega, protegida tras unas gafas negras, que aparecía con frecuencia en la televisión en blanco y negro cantando Los campanilleros.

 como dicen Caro y la propia Antonia Contreras, La Niña —la otra Niña, que no es la de Los Peines— es mucho más que eso. Además de su repertorio de cantes de ida y vuelta, tan populares en la época de la Ópera Flamenca, que a ella le tocó vivir, “hay que ver cómo cantaba todos los palos: cantinas, soleres, Seguiriyas…”, comenta Caro a EL PAÍS.

El espectáculo, con imágenes de La Niña de La Puebla que van proyectándose sobre el fondo del escenario, es un homenaje sentido de quien fue “mi primera maestra”, explica Contreras. Porque ella, como tantas otras y otros, afinó también su oído flamenco escuchando en su niñez en la radio las coplas de la cantaora ciega. Educación flamenca pero, también sentimental.

La malagueña,poseedora de una voz bellísima y poderosa, colorida y rica, casi lírica a veces, hace un recorrido por la discografía de la cantaora de La Puebla, utilizando casi siempre las mismas letras que dejó grabadas, aunque siempre adaptando los diferentes palos a su propio registro. El espectáculo, que fue estrenado en la Bienal Flamenca de Málaga de 2015, y presentado en la Unión con la segunda guitarra de Andrés Cansino y con el baile de Carmen Camacho, es un justo y emocionado recuerdo a una cantaora un tanto olvidada, como también lo está quien fue su pareja artística y su marido: Luquitas de Marchena.

La primera parte de la noche la ocupó con enjundia Arcángel y las Voces Búlgaras, que ahora son nuevas voces búlgaras, y no llegan ataviadas con el traje tradicional o folclórico, como lo hacían aquellos grupos de voces que también frecuentaron España durante los años noventa del pasado siglo.

El espectáculo, del que existe reciente grabación, que en los últimos años viene recorriendo diversos festivales y teatros, y que hemos comentado aquí en otras ocasiones, no es tanto una fusión como un diálogo entre culturas diversas, que se acompañan sin molestarse.

En fin, otra propuesta de calidad de Arcángel que demuestra una vez más no solo ser una de las voces flamencas más importantes actuales, sino un incansable investigador y renovador.