Agua

Hace unos días, navegando en dirección al puerto de Málaga tuve la desgracia de observar un panorama patético; la basura flotante no tenía límites: colillas, bastoncillos para la higiene de los oídos, innumerables bolsas de plásticos, y un sinfín de objetos deteriorados por su larga estancia en el mar. Varios días después con brisa y marea de levante, pudimos también observar cientos y cientos de  bolsas y fragmentos de plásticos sumergidos entre los que se intercalaban medusas y, por cierto, una manada de delfines; esos simpáticos animales tan bellos y juguetones siempre presentes en nuestro Mediterráneo.

A estas alturas es una tontería exigir responsabilidades a quienes tienen la misión de evitar estos espectáculos a través de los medios técnicos existentes (por ejemplo depuradoras que funcionen); es evidente que muchos políticos llevan una vida parasitaria y no les interesa mucho estos asuntos de sanidad y estética pública. ¿Dónde estaría el barco de la limpieza de superficie?, ¿acaso no era algo espantosamente visible?

Una premonición: cualquier religión futura tendrá el agua como uno de las realidades más sagradas a tener presente, es volver a Tales. Cerramos el círculo, el instinto de supervivencia lo exige.

 

                                                           Fdo.: Antonio Caparrós Vida

 

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