Alfonso XII y los espetos de sardinas

27/04/2020

El pescador José Andien, alias el ‘Completo’, fue el marengo que el 21 de enero de 1885 obsequió al rey con un espeto formado por una docena de sardinas, durante el viaje del monarca de Torre del Mar a Málaga, tras inspeccionar los pueblos dañados por el terremoto del 25 de diciembre de 1884

Alfonso Vázquez 27.04.2020 | 05:00

Grabado del viaje real por el litoral de Málaga y Granada.

Grabado del viaje real por el litoral de Málaga y Granada. L. O.

El rey visitó el Colegio San Estanislao antes de almorzar en la casa de un concejal de Málaga.

La tradición popular contaba que, en enero de 1885, al regreso del viaje de Alfonso XII a los pueblos de Málaga y Granada castigados por el terremoto del 25 de diciembre de 1884, el monarca se detuvo, camino de Málaga capital, en el merendero La Gran Parada, en El Palo.

Allí, según esta veterana tradición, probó los espetos de sardinas, al tiempo que el dueño del merendero, el famoso Miguel Martínez Soler, Miguel, ‘el de la Sardinas’, tío del fundador de Casa Pedro, indicó al rey que debía comerlos con las manos y no con cuchillo y tenedor, como se disponía a hacer.

En el reciente libro ‘El Palo. La pesca, industria y gente’, de José Antonio Barberá, una obra publicada el año pasado en Ediciones del Genal, el investigador del barrio confronta esta historia con los propios datos que aporta Pilar Rodríguez Martínez, bisnieta de Miguel el de las Sardinas.

Según la bisnieta, su bisabuelo nació en 1872 y abrió el negocio hacia 1894. La fecha de apertura del merendero no coincide por tanto con la visita real, un tiempo en el que además el joven Miguel tendría 12 ó 13 años.

Lo confirma ahora José Antonio Barberá con un nuevo dato que se encuentra en la hemeroteca de la Biblioteca Nacional y que, destaca, le dio a conocer recientemente un amigo. Se trata de la completa serie de crónicas que de la visita real a Málaga y Granada publicó el periodista R. de Cárdenas para el diario madrileño ‘La Época’.

En concreto, en el número del viernes 23 de enero de 1885 este periodista narra la última jornada del viaje real, la del trayecto de Torre del Mar a Málaga el miércoles 21 de enero, cuando el monarca tomó el tren rumbo a Madrid.

Según cuenta esta fuente, a las 12 de la mañana la comitiva real hizo su entrada en la barriada de El Palo, donde le esperaba el Ayuntamiento para recibirle. El rey llegó en el coche de caballos de Antonio Campos Garín, a quien el año anterior había nombrado marqués de Iznate.

Era lógico por tanto que Alfonso XII, nada más llegar a El Palo, visitara el Colegio de San Estanislao de Kostka, inaugurado en 1882 en terrenos del marqués, y donde Eugenio Campos, hijo del aristócrata y alumno del centro regentado por los jesuitas, le aguardaba para leerle un discurso de bienvenida.

Colegio San Estanislao de Kostka.

Tras visitar las instalaciones el redactor informa de que en una de las casas próximas al colegio, propiedad del concejal «señor Luque», «había construido detrás del jardín, y en la playa, un barracón» donde el marqués de Iznate obsequió a Alfonso XII con un almuerzo tradicional a base de productos del mar.


El menú


En concreto, en la comida regia, que estuvo acompañada por manzanilla, se sirvieron «ostiones, sopa de rape, rubio con chícharos (sic), boquerones, pescadilla, anchoas, salmonetes, almejas y camarones».

Fue durante el almuerzo que hizo su aparición José Andien, alias el ‘Completo’, que según escribe el periodista Cárdenas «ofreció a S.M. una ‘morgada’ (sic) o sea,una docena de estos peces, ensartados en una caña, llamados espetones, asados en la playa». El redactor señala que Alfonso XII «celebró mucho la atención y gratificó al Completo con 50 pesetas». Tras la comida, 50 marengos y chiquillos tiraron en la playa del copo delante del monarca.

Así pues, fue este pescador del Palo quien ofreció los espetos al rey, durante un almuerzo celebrado en la probable casa de veraneo de un concejal de Málaga.

Tanto este dato como el aportado por la bisnieta del dueño de La Gran Parada no quitan méritos a Miguel ‘el de la Sardinas’, que como destaca en su libro José Antonio Barberá, está considerado el primero que vendió al público espetos de sardinas y los popularizó en La Gran Parada, «posiblemente el primer merendero que se instaló en la playa de El Palo».

Precisamente, señala el investigador en su libro, en una entrevista a Lorenzo Martínez de Casa Pedro en 1989, en el diario Sur, el conocido restaurador recordaba que Alfonso XIII, en una de sus visitas a Málaga en los años 20 del siglo pasado comió sardinas en La Gran Parada.

Según este dato, sería al hijo de Alfonso XII a quien Miguel ‘el de las Sardinas’ habría servido sus famosos espetos.