Amenábar

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Que el sistema cosmológico heliocéntrico de Aristarco de Samos, el geocéntrico  de Aristóteles y Ptolomeo pugnen en la mente de una mujer entre astrolabios y fórmulas matemáticas sólo puede suscitar el interés de la gente de la mano de un genio del cine; que la mujer ha sido históricamente marginada no sólo de los centros de poder social y político sino de las actividades que más dignifican a los seres humanos (las culturales) sólo puede suscitar el interés de la gente de la mano de un genio del cine; que el fanatismo pagano o religioso es un fenómeno histórico que sólo puede traer a los seres humanos miseria, destrucción y muerte sólo puede suscitar el interés de la gente de la mano de un genio del cine.

Las versiones actuales de aquellos radicales político-religiosos alejandrinos, tan presentes (entre otros lugares)  en Afganistán, Pakistán, Irán, Israel o,  por qué no, en algunos sectores de la Iglesia española, probablemente vencerán sobre el sentido común, la razón, el diálogo, la filosofía que encarnaba Hipatia por una simple cuestión de fondo: su modo de pensar admite el error, la duda, la posibilidad de no estar instalado en la Verdad. Los fanatismos dan por sentado que parten de ella y desde ella sentencian, incluso, hasta la desaparición física de los contrarios, ¿no? Recordemos a Unamuno al respecto en un Día de la Raza (hoy de  la Hispanidad) o aniversario del “descubrimiento” de América por Colón: "Acabo de oír el grito necrófilo e insensato de ’¡viva la muerte!’. Esto me suena lo mismo que, ¡muera la vida!’. Y yo, que he pasado toda la vida creando paradojas que provocaron el enojo de quienes no las comprendieron, he de deciros, con autoridad en la materia, que esta ridícula paradoja me parece repelente. Puesto que fue proclamada en homenaje al último orador, entiendo que fue dirigida a él, si bien de una forma excesiva y tortuosa, como testimonio de que él mismo es un símbolo de la muerte. ¡Y otra cosa! El general Millán Astray es un inválido. No es preciso decirlo en un tono más bajo. Es un inválido de guerra. También lo fue Cervantes. Pero los extremos no sirven como norma. Desgraciadamente, hay hoy en día demasiados inválidos. Y pronto habrá más si Dios no nos ayuda. Me duele pensar que el general Míllán Astray pueda dictar las normas de psicología de las masas. Un inválido que carezca de la grandeza espiritual de Cervantes, que era un hombre, no un superhombre, viril y completo a pesar de sus mutilaciones, un inválido, como dije, que carezca de esa superioridad de espíritu suele sentirse aliviado viendo cómo aumenta el número de mutilados alrededor de él. (… ) El general Millán Astray quisiera crear una España nueva, creación negativa sin duda, según su propia imagen. Y por ello desearía una España mutilada…

Furioso, Millán gritó: "¡Muera la inteligencia!". En un intento de calmar los ánimos, el poeta José María Pemán exclamó: "¡No! ¡Viva la inteligencia! ¡Mueran los malos intelectuales!". Unamuno no se amilanó y concluyó: "¡Éste es el templo de la inteligencia! ¡Y yo soy su supremo sacerdote! Vosotros estáis profanando su sagrado recinto. Yo siempre he sido, diga lo que diga el proverbio, un profeta en mi propio país. Venceréis, pero no convenceréis. Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta; pero no convenceréis, porque convencer significa persuadir. Y para persuadir necesitáis algo que os falta: razón y derecho en la lucha. Me parece inútil pediros que penséis en España".

Salud.

Antonio Caparrós.