“Carmencita”: la comadrona

02/07/2018

A Carmencita, la comadrona”
Yo conocí a “Carmencita”, a la señora Carmen, la dulzura hecha sonrisa y complicidad afable, en la playa de El Palo, hace más de diez años, tras haberme invitado amistades suyas, familiares de Carmen, a conocerla, después de haberme relatado sus avatares existenciales como matrona de El Palo, una vida entregada a traer al mundo a los recién nacidos que, a orillas del Mediterráneo, llegaban de la mano de “Carmencita” a vivir, y a soñar, y a no rendirse … como siempre lo supo hacer la buena comadrona de “Carmencita”.
Y entonces conocí a una dama de luz y vida, a pesar ya de su edad avanzada, que sabía mantener la atención a su personalidad, en medio de la ebullición playera, sabiendo que me encontraba ante una gran mujer, una señora que había entregado su vida a traer más vida, sin regateos de esfuerzos y desvelos, seguro, generosidad y ternura, a raudales, porque “Carmencita” gozó y padeció, compartió y enderezó esos segundos, esos minutos, esas horas, interminables, de final gozoso en la inmensa mayoría de las ocasiones.
Porque allí estaba “Carmencita” aliviando la ansiedad y la angustia, con su pericia y su capacidad de desbrozar el entuerto de un nacimiento, uno tras otro, tan parecidos, tan singulares, tan distintos, tan irrepetibles.
Como para que “Carmencita” sea y deba ser recordada.
Con cariño, respeto y eterno agradecimiento. Porque “Carmencita” jamás perdió la capacidad de establecer confianza con quien cruzaba su mirada limpia y franca, porque su humanidad estaba al servicio de las madres que tanto confiaban en “Carmencita”, la comadrona de El Palo