¿Con el consentimiento o no …?

13/11/2017

Hoy se inicia el juicio, en Pamplona, que intentará juzgar el comportamiento de los componentes de “La Manada”, en las fiestas de San Fermín de 2.016, cuando su comportamiento para una mujer de 18 años, en un portal, de noche, grabados los hechos, con comentarios, literalmente nauseabundos, infectos, machistas en el peor sentido, miserables y ruines … como para que ahora pretendan esgrimir que la chica “violentada”, como poco, sexualmente, ante esa manada de ¿machos?, de ¿perversidad manifiesta?.

Puesta ahora la fuerza de la carga en la demostración de que si la víctima ¿”cerró los ojos porque consentía”?, ¿no ofreció la resistencia suficiente?, … pasando muy por encima por el comportamiento indeseable de unos tipejos que parecen mostrar un desprecio hacia la humanidad exigible, hacia el respeto debido hacia el otro, hacia la otra … ¡consienta o no la víctima!, siempre la víctima vilipendiada, sometida, humillada, manoseada, violada, … obligada a demostrar si “consintió o no”.

Mi compañera, natural de un “bonito y saludable” pueblo castellano y muy castellano, me contaba que cuando llegaban las fiestas, siempre rendidas a la Virgen de turno, patrona de los lugareños, a la hora de las verbenas, los “machos” de la aldea, muy crecidos, muy bebidos, muy enardecidos, los “más machotes”, por supuesto, intentaban acechar, amagar, calcular cómo podrían “aislar” a alguna joven, preferentemente forastera, para “emborracharla” disimuladamente, hasta el punto en que pudiesen “manosearla, reírse de ella, dejarla caer en el ridículo y en el comportamiento de la que debería avergonzarse al día siguiente …”, todo muy festero, muy inocente, muy admitido por las buenas gentes de la aldea metida en fiestas, excesos, pitanzas, músicas, juegos y concursos de mus … como para que dieran mayor importancia a que la “joven” novata hubiera caído en las sucias artimañas de los graciosos machos y muy machos.

Como para que la fiesta continuara sin problema y la misa mayor del día grande se celebrara con la devoción homologable al festejo propio, saludable y saludado, sin mayores contratiempos, mientras la joven, seguramente, seguiría avergonzada, corrida y señalada … como para que la próxima vez se cargara de la “malicia salvadora”, ¿?, porque en realidad ella ¿había consentido o no?

Recordando que esos “machos” eran hijos, esposos, padres … queridos y respetables, por descontado.

Y entretanto, en Pamplona, la “víctima” habrá de demostrar que, bajo ningún concepto, ¡consintió!

Y paralelamente muchos jóvenes españoles, cada vez más jóvenes, encuentran como normal el comportamiento sexista, injusto, machista y miserable, en las relaciones humanas, con y entre ellos y ellas.

Con lo gracioso que es reir las gracietas machistas, de complejos psicológicos por remediar, antes de que la discriminación de los machos hacia las hembras se convierta en un hecho tan “asqueroso como asumido”, tan intolerable como consentido.