De vuelta al cole

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Para volver al colegio con la cantinela de costumbre. Con los profesores alarmados por los nuevos aires sociales, temiéndose el "respe", cada curso más insolente, de los pequeños y también de los papás adultos. Intentando ver el lado más pesimista de la tarea a afrontar, ajustándose tal vez demasiado al programa, a la norma, al currículum, sin dejarse la piel en el factor humano, en el estímulo que afronte el vértigo, en contra de los tiempos que corren, si hiciera falta, hasta lograr concitar el aprendizaje que entusiasmo y que contagie, empezando por quienes más lo necesiten, por los torpes y por los desmotivados, por quienes terminarán … ¡fracasando!, sin que tiemble siquiera el sistema educativo, aunque resulte que se aproxime a la mitad el número de alumnos, de adolescentes que no acabarán siquiera cuarto de Secundaria.

Sin que haya una esperanza que nos anime a pensar en positivo, apostando por un cambio real en que el balance sea positivo y real para la inmensa mayoría de nuestros niños, de nuestros adolescentes, para que la palabra y la sustancia de "fracaso" no se contemple porque no podamos admitirlo, soportarlo … porque a la postre el objetivo fundamental debiera ser la consecución de las destrezas básicas de esa inmensa mayoría de alumnos.

Porque habremos de asumir que nos jugamos el futuro humano y solidario, porque nos jugamos también presente, porque es insoportable seguir disimulando que el lastre no nos va arrastrando hacia el sinfín del marasmo inculto, amoral, inane … ahora que solo lamentamos o celebramos el final del periodo vacacional, el regreso a las aulas.

Como cada año, con la inercia que consiente el fracaso de miles y miles de jóvenes compatriotas.

 

Torre del Mar agosto – 2.017