Del espeto de sardinas a la radial: las obras amenazan al verano en el barrio malagueño de Pedregalejo

Los chiringuitos del paseo marítimo, uno de los más turísticos de Málaga, lamentan pérdidas de hasta el 60% de la facturación por las obras de remodelación, más lentas de lo que esperaban

Normal, cateto, especial, de tortilla francesa o, entre otros, de roquefort con anchoas. Los camperos de la hamburguesería Mafalda están entre los bocadillos más famosos de toda la ciudad de Málaga. El local abrió en 1985 y, desde entonces, ha dado de comer a varias generaciones. Las colas eran habituales casi a diario hasta la llegada, el pasado mes de marzo, de las obras del paseo marítimo de Pedregalejo: la plaza donde se ubica su terraza fue levantada al completo como parte de esos trabajos y apenas hay un estrecho pasillo para acceder al local, sin mesas dentro. Les dijeron que iban a ser solo tres semanas, así que decidieron cerrar ese tiempo, pero fuera aún sigue todo manga por hombro y, ellos, sin poder atender a sus clientes. “Apenas han hecho nada en estos meses y es imposible abrir”, explica Herminia Salido, que a sus 56 años lleva 40 ligada al negocio familiar. “Estoy agobiada por los empleados. Pondré dos velas a la Virgen del Carmen para que, al menos, podamos abrir en agosto”, afirma la mujer.

Con poco más de un kilómetro de longitud entre el arroyo Jaboneros y los astilleros Nereoel paseo marítimo del Pedregal es una de las zonas más atractivas de la capital malagueña. Sus espigones ofrecen un puñado de pequeñas calas tranquilas, en cuya arena descansan varias jábegas, embarcaciones tradicionales de pesca ya en desuso, cuya actividad principal ahora es la competición deportiva. Pequeñas casitas de orígenes marineros, a pie de playa, componen una de las imágenes más singulares de la ciudad, aunque muchas de ellas se han transformado ya en apartamentos turísticos. Espacio con historia, hoy está tomado por maquinaria, obreros, vallas y materiales desde que en octubre del año pasado el Ayuntamiento de Málaga impulsara la reforma de esta parte del barrio de Pedregalejo. Las obras, presupuestadas en 5,7 millones de euros, incluyen la renovación del saneamiento, la construcción de una nueva estación de bombeo de aguas residuales, la instalación de kioscos, aseos, bancos, pérgolas y un nuevo pavimento. Está previsto que los trabajos acaben en agosto, aunque nadie en la zona cree que estén listos para entonces. Los hosteleros piensan que se irán, como mínimo, hasta octubre por la lentitud del proceso y las lluvias de primavera, que impidieron trabajar durante varios días. Y sostienen que sufrirán todo un verano de ruidos, polvo y baja facturación. “La obra está en plazo”, sentencian por su parte fuentes municipales.

“Nos dijeron que iban a trabajar fases para generar menos problemas, pero al final está todo abierto. Hay zonas medio acabadas, mil detalles por terminar. Los inconvenientes son muchísimos”, continúa Herminia Salido, que guarda una colección de fotos sobre el desarrollo de los trabajos frente a su negocio. “Apenas ha cambiado nada desde primavera: algunos días hay un solo obrero, otros ninguno. Y ocurre lo mismo en otros puntos”, añade. “Esa plaza da vergüenza. No tiene sentido que la levantaran para no hacer nada en tantos meses”, confirma Enrique Murillo, propietario del chiringuito Las Palmeras. El hostelero también se queja de que el plan teórico que contaron a los empresarios tiene poco que ver con el desarrollado en realidad. Él cerró durante cinco meses su restaurante e impulsó un Expediente de Regulación Temporal de Empleo (ERTE) para su plantilla. El 1 de mayo se acabó y tuvo que abrir en un suelo recién puesto, con maquinaria levantando polvo y haciendo mucho ruido a un paso de su terraza. “Estamos vendiendo un 60% menos que el año pasado”, asegura.

El cálculo tiene sentido. Junto al arroyo Jaboneros, a un paso de Las Palmeras, la plaza parece una escombrera. Hay material almacenado, maquinarias, bloques de hormigón para el suelo, vallas de obra junto a las que pasan los camareros con platos llenos de espetos. “Pedregalejo, remamos juntos”, refleja una cinta de plástico parecida a la policial, solo que aquí está puesta por el ayuntamiento, donde aclaran que 32 de los 36 negocios del paseo están ya funcionando. La clave está en el cómo. Los Cuñaos, Las Acacias o Rompeolas son chiringuitos donde encontrar una mesa cualquier día de verano era imposible hasta el año pasado, con largas colas a mediodía. Este, apenas se atisban clientes a la espera incluso en domingo. Más allá, El Merlo ha instalado su terraza sobre tierra de obra para salir del paso. Otros —como Kanaloa, Galerna o La Chancla— ya tienen el nuevo pavimento instalado, pero alrededor hay palets tapando agujeros o farolas a medio instalar. La iluminación, de hecho, todavía no funciona y es tan escasa que los propios negocios han instalado focos para iluminar sus mesas cada noche. Otros locales han aprovechado las obras para renovar sus instalaciones, como Miguelito El Cariñoso o Pez Tomillo. Permanecen cerrados desde enero. Los hosteleros de la zona crearon en octubre la plataforma Somos Pedregalejo para reivindicar sus problemas y recordar a la ciudadanía que, poco a poco, están abriendo sus puertas.

Espacio para los peatones

Para la Asociación de Vecinos de Pedregalejo el mayor problema es “la lentitud”. “Todo el mundo aquí piensa que ha habido poca gente trabajando para una obra tan grande y, claro, así no avanza nada”, relata Gema Delgado, presidenta de la entidad, quien lamenta que el Consistorio no haya pedido la opinión de los vecinos en todo el proceso. También advierte de que las terrazas de los restaurantes están tomando mucho más espacio del que legalmente le corresponde. “Ahora mismo esto es como una viña sin amo: hacen lo que les da la gana”, señala. Delgado recuerda que en su anterior configuración, el paseo tenía dos alturas separadas por un escalón, que servía para delimitar la zona de terrazas y la peatonal, aunque ésta tenía siempre una fila de mesas ocupando espacio. “Ahora no, está todo al mismo nivel y están dejando muy poco hueco para caminar. La Ley de Costas dice que deben ser seis metros para los peatones, nosotros nos conformamos con cuatro o cinco, pero no con tres como hacían antes y vuelven a hacer ahora. Se les da la mano y te cogen el hombro”, apunta.

Fuentes municipales exponen que el corredor que quedará libre para los viandantes es “superior” a tres metros. “Una anchura que se refiere a las zonas de menor dimensión y que se amplía progresivamente en buena parte del recorrido”, indican las mismas fuentes, que subrayan cómo —en su opinión— la nueva configuración del paseo marítimo permitirá recuperar más espacio para el peatón, puesto que las terrazas sólo están autorizadas en la misma distancia que tenía antes la parte alta del escalón. “La Junta de Andalucía emitió un informe favorable sobre la propuesta diseñada por el ayuntamiento para delimitar la ocupación del espacio público al considerar que contribuye a una mejor ordenación y gestión del litoral”, matizan las mismas fuentes, que indican que la actividad exterior de los negocios estará “más ordenada”. Eso sí, insisten que las obras van “en plazo” mientras los bañistas y los espetos conviven con las radiales y las excavadoras.