Del parking de El Palo a la política educativa

26/01/2020

Una de las cualidades de Daniel Pérez, portavoz del PSOE, es que, cuando huele sangre, no suelta a la presa. Me refiero, claro está, con esta metáfora tal vez desafortunada, a que el líder de la oposición municipal es capaz de coger un tema de la agenda política, repetir su posición al respecto en debates, entrevistas, plenos y comisiones y, por tanto, acaba convirtiendo un asunto que, en un principio y salvo para los afectados, no parecía a priori tan importante, en un problema visible que requiere que el equipo de gobierno se emplee a fondo para contrarrestar la bola de nieve que ha formado el de Miraflores. Piensen bien en esto que les digo: ya lo hizo con las Plusvalías ‘mortis causa’ y en cada Pleno, o cada vez que hay una comisión o da una rueda de prensa, él o uno de los suyos salen con la historia de que conocen a Juan, Marisa o Matías a los que el pago de este impuesto, después de perder a alguien, lo obligó a rehipotecarse. Y qué me dicen del tema de la zona azul en Cruz de Humilladero, un asunto sobre el que existía una gran división en el distrito con comerciantes y vecinos cada uno con una postura y llegó Pérez y estiró el chicle de lo lindo, obligando al alcalde, Francisco de la Torre, a ir a reuniones con los residentes y a matizar y pensar muy bien lo que decía: aquello de es sólo una prueba y por probar la zona azul en Cruz de Humilladero no se pierde nada.

Claro que si Pérez sabe estirar los asuntos polémicos (ahí están también la UCAM, la imputación y posterior exoneración de Francisco Pomares o aquello de la Málaga olvidada, los barrios periféricos en los que vive «la mayoría de los malagueños»), el regidor malagueño tiene reflejos para responder rápido y sabe que esos asuntos que comienzan siendo cautelosamente derramados verbalmente por los líderes de la oposición en ruedas de prensa finalmente acaban llenando portadas y aperturas de páginas o colmando informativos en televisiones locales y emisoras de radio y se crea ese runrún incómodo que primero parece imperceptible, pero que, como un líquido viscoso, acaba empañando toda la acción de gobierno del Ejecutivo local. Y Paco de la Torre también, claro está, sabe golpear.

Digo esto porque el último tema estirado por Pérez y los suyos ha sido la idea del equipo de gobierno de retomar la construcción de un parking subterráneo de 412 plazas bajo el patio del colegio Valle-Inclán de El Palo. Comenzaron Pérez y los suyos hablando en ruedas de prensa de esta historia, asegurando que se iba a formar un lío espectacular si al equipo de gobierno se le ocurría comenzar las obras, creando, de paso, problemas para que los pequeños siguieran las clases en su día a día y generando contaminación o polución ambiental, para pasar después al caos circulatorio que se organiza mientras el tajo se arregla. En fin, el apocalipsis vestido de verde, en una zona en la que, ciertamente, hay un problema complejísimo y palpable de falta de zonas para estacionar, de movilidad. La historia se va calentando en una olla a presión y luego, a la historia original, se suman nuevas denuncias, debidamente espaciadas durante la semana: el Ayuntamiento toca a varios colegios, siempre según el PSOE, para poner allí diferentes equipamientos. Por ejemplo, el Gutiérrez Mata, que se ha sondeado para ser usado como dependencias de la Policía Local, una vez que estas se destinaran previsiblemente a acoger la ampliación del centro de salud de El Palo, otra reivindicación histórica de los residentes. El PSOE, de hecho, habló de varios colegios más. Y ya todo el mundo hablaba de eso, lo que obligó al alcalde a reaccionar, y lo hizo con rapidez, para tener una reunión a la que acudió todo el mundo y resulta que lo que ocurría es que eran los vecinos quienes querían allí el parking, bajo el patio del colegio, que no bajo el colegio, lo que es un matiz importante porque los socialistas insisten en que es bajo el colegio y José del Río, concejal de Movilidad, pide precisión, con buen tino, porque el tema le está dando dolores de cabeza: es bajo el patio del colegio, no bajo el colegio.

Y, al final, hay una nota en la que el Ayuntamiento reconoce que sí, que ha retomado el proyecto, dice que se ha reunido con la Junta de Andalucía, que es la que tiene que autorizarlo, con la comunidad educativa y con los padres y madres de los alumnos, y aclara que se reunirá todo lo que haga falta y más, pero insiste: hay 181 peticiones de vecinos en apenas unas semanas para comprarse una plaza del parking, y en la zona se están vendiendo estas a 36.000 euros, mientras que las municipales van a salir a 19.000 o 20.000 euros.

Luego llega la comisión de pleno del lunes, la de Movilidad, y hay dos mociones, una de Eduardo Zorrilla, portavoz de Adelante Málaga, que sabe un rato de movilidad sostenible y se dedica a hacer varias intervenciones de las que merecen la pena, por la cantidad de datos que introduce, y propone una solución ya conocida en la confluencia: abrir un proceso participativo. Del Río dice que hay consenso y Zorrilla le explica que, tal vez, debería hablar con otros vecinos distintos a los que normalmente sondean. Mariano Ruiz Araújo, edil del PSOE, el tío del bazuca, lleva otra moción más dura en la que pide, directamente, que se paralice el proyecto, que se busque otro sitio, «¿qué necesidad hay?», llega a preguntarse. Y al final, lo que había comenzado como un enfrentamiento entre el equipo de gobierno y la oposición acerca de la idoneidad de ubicar un parking bajo el patio de un colegio acaba con Ruiz Araújo acusando al PP y a Cs de tratar de desincentivar que los niños vayan al Valle-Inclán porque, claro, a dos de los tres partidos que estarían juntos con la extrema derecha en el Gobierno andaluz, no les gusta la enseñanza pública. Y entra Zorrilla, que también estaba al quite, y le dice a Del Río si él sería capaz de hacer eso bajo el patio de un colegio privado, y el bueno de Del Río, que no pierde el oremus pese a que la conversación que comenzó con la historia de un parking ha devenido en una suerte de conflicto filosófico o político sobre los arcanos de la educación; Del Río, comentaba yo, dice que él defiende la educación pública, y también la concertada, y que como padre él tiene derecho a decidir el tipo de educación de sus hijos. En fin. La historia siguió por la tarde del pasado lunes, con una nota de prensa del PSOE en el que alertaba el grupo municipal de que la idea es desmantelar el colegio Gutiérrez Mata, algo que rechazó Carlos Conde, teniente de alcalde de Economía y Hacienda y edil del Distrito Este, quien además añadió que nada se hará sin consenso de la comunidad educativa. Y acusó, como antes lo había hecho Del Río, al PSOE de crear alarma. La idea final del equipo de gobierno es vender lo contrario de lo que dice Pérez: hay consenso, lo han pedido los vecinos y las obras se van a desarrollar con absoluta garantía porque la ingeniería reúne hoy soluciones de sobra para poder construir lo que se quiera con suficiente holgura técnica.

No salió el pin parental, pero casi. Lo cierto es que la apuesta por este tema de Daniel Pérez, pasado ya el perfil bajo que impusieron las elecciones generales y la conformación del Gobierno de Pedro Sánchez, Podemos y el apoyo de los independentistas, ha tenido su recompensa en forma de jaleo y una respuesta ágil del alcalde y los suyos, enviando notas de prensa cuando quería puntualizarse o matizarse algo. A ver dónde acaba todo, porque, en el fondo, parece que pasa como en la Cruz de Humilladero con la zona azul, hay división de opiniones y a río revuelto, ya saben: ganancia de pescadores.