Dinero y más dinero …

20/08/2018

Con la normalidad que exija la asunción de la mayoría pagana absorta en las millonadas que dan por buenas para pagar a los nuevos iconos de los héroes futboleros, los nuevos gladiadores incruentos, tan de diseño, tan de “la verdad, la verdad” por darlo todo, por la paga que es sustanciosa y, por descontado, millonaria.

El penúltimo bombazo, el penúltimo despropósito, ¡dinero, dinero, dinero…! … a continuación … para pasmo de los papanatas que se crean que ellos, los futbolistas, lo valen.
El exportero del Athlétic, un tal Kepa, un jovencito de 23 años, por lo visto excelente guardameta, que ya ganaba “un pastón” en su ya no equipo, 4,5 millones anuales, ha sido fichado “ipso facto” por el Chelsea, tras el previo pago de 80 millones netos para que el joven gane ahora 6 millones limpios de polvo, paja, dietas, publicidad …
En un mundo enfervorizado por las victorias y las derrotas de los equipos de los colores favoritos de cada quien son el “desideratum” de millones de seguidores, sin que se ponga el menor ápice, ni obstáculo moral o amoral en esos desembolsos escandalosos, como si ¿todos fuéramos ya millonarios?
Pero y qué más da si se normaliza la desigualdad más absoluta, más obscena, sin que nada se llegue a suponer la menor objeción ante tanto desfase.
Porque parece que se admite “la marcha” del exagerado pináculo monetario, de las millonadas que se exhiben sin pudor ni recato, para que se continúe admitiendo esa indecorosa y despreciable exhibición de las archimillonadas que se pagan ¿por una victoria? … futbolera, aunque sea por la mínima y de chiripa, aunque se termine perdiendo y solo se necesite volver a romper el mercado poniendo más y más millones.
Simultáneamente la escalada de los alquileres en los centros de las grandes ciudades es también imparable, obsceno, desproporcionado, mientras abandonan esos centros urbanos los vecino de siempre, las tiendas y comercios de toda la vida, a cambio de reconvertirlos en “centros temáticos” para miriadas de turistas, de consumidores compulsivos … subiendo los alquileres, sin parar, día a día, sin freno, sin límite.
Decía hoy un propietario de un piso en el centro de Madrid que “raro es el día que no aporreen su domicilio para ofrecerle “un pastón” por su vivienda y también por el edificio entero” … Que viva el negocio que dé dividendos estratosféricos.
A la espera de que ya sea demasiado tarde, que ya lo es, cuando sea imposible volver a “residir” normalmente, vitalmente, humanamente, racionalmente, en los centros de nuestras ciudades … reconvertidos en expendidores de souvenirs horteras, sangrías indigestas, paellas prefabricadas … fomentando la desigualdad, siempre en el centro del futuro que nos habrá de … ¡desamparar!… porque ya diseñan por nosotros la ansiedad basada en la esquilmación constante, inhumana y cruel de nuestros magros bolsillos, porque su fines quedarse con … ¡todo!