El Palo, un barrio de luto

31/01/2019

Las calles de El Palo amanecieron esta mañana en el más profundo de los silencios. Tras una noche de calma tensa llegó la mala noticia. La aparición del cadáver de Julen había provocado en Las Protegidas un llanto conjunto de dolor tras dos semanas de lucha y esperanza. Unas horas más tarde, justo cuando al sol asomaba en el barrio más oriental de la ciudad de Málaga, dos señoras -sin hablarse entre ellas- barrían la puerta de sus casas en una escena propia de la idiosincrasia paleña. En el Llano, a escasos 100 metros de la casa de José y Vicky, los padres de Julen, varias docenas de velas colocadas en forma de corazón agotaban los últimos centímetros de cera. El Palo estaba exhausto en sus casas, dándose un respiro entre la tensión, el desenlace, y el dolor y la emoción por una historia que siempre rondará en la memoria de quién lo ha vivido de primera mano. Justo al límite del arroyo, donde dicen las leyes no escritas que acaban las lindes este barrio con solera, se levanta el cementerio municipal. A las 8.30 de la mañana solo los padres del pequeño y un reducido grupo de familiares aguarda en el interior del tanatorio. Frente a ellos y con una valla instalada por la Policía Local comienzan a instalarse las cámaras de televisión. Poco a poco empiezan a llegar curiosos. Lo hacen a pie, en bicicleta y en coche. Éstos últimos no pueden evitar descender la velocidad de sus vehículos para mirar lo que está pasando. Algunos, incluso, se santiguan mientras sus rostros se oscurecen. Por las aceras se nota rápidamente que no es un horario para jóvenes. Una pareja de ancianos se queda parada junto a los periodistas. «Qué terrible», se dicen uno al otro. «Al menos ya se ha acabado el sufrimiento de la espera. Ahora viene el duelo». b 01:38 B Vídeo. Los padres de Julen llegan al tanatorio acompañados de Juan José Cortés / Atlas La media mañana aterriza en El Palo sin que uno se dé cuenta. Los 10 grados del amanecer ya es un recuerdo lejano eclipsado por la sutil quemazón del sol del invierno. Un camión de tamaño mediano para junto a la puerta del cementerio. Ante su llegada, una mujer con los ojos rojos de haber llorado sale a su encuentro. Es la responsable de la floristería, que recibe docenas de flores para incluirlas en una oferta que difícilmente superará la demanda. A medida que sube el sol el barrio se despereza y comienza a asumir la realidad. Grupos de personas de todas las edades camina con la mirada perdida en la misma dirección.

El silencio de la calle donde reposaba el triciclo de Julen se rompe con los sollozos que salen a través de las ventanas de una de las casas. Justo debajo de ella descansa sobre una silla un dibujo de un niño pequeño que reza: «Julen, estamos contigo». El Palo es un barrio de pasiones, en todos los sentidos; en los buenos y en los malos. El luto forma parte de los rostros, pero también de las conversaciones. En una cafetería cercana a las 4 Esquinas el camarero charla con una clienta habitual. «Todos tenemos fecha de caducidad», afirma él con un lenguaje tan duro como bienintencionado. «A algunos les llega a antes que a otros, qué se le va a hacer». Unos minutos más tarde la Asociación de Vecinos de El Palo convoca una concentración en la plaza en la que se unen estas cuatro aristas. Apenas unos metros más allá está el templo de la felicidad; un Pimpi Florida cuya alegría resuena lejana -muy lejana- en esos momentos. El alcalde, Francisco de la Torre, encabeza una reunión de centenares de personas con representación de todos los partidos. El dolor está patente en sus caras. Son rostros de derrota; de la constatación de que la esperanza con la que todos han vivido estas días en pos de un milagro se ha desvanecido. Pero cuando acaban las palabras y los dos minutos de silencio, un hilo de paz recorre los corrillos. «Al menos hemos estado todos juntos. En El Palo y fuera del barrio. Y así seguiremos, porque Julen y su familia se lo merece», defiende una vecina mientras cruza la calle de camino a su casa. Es el turno de hacer la comida. Hoy se almuerza pronto porque luego hay que volver al cementerio. Texto íntegro leído en la concentración Esta vez nos ha tocado vivir una situación muy dura, hoy no hablamos de calles, ni de obras que no se hacen, ni de proyectos dormidos en los despachos. Hoy hablamos de esta situación tan dura que nos está tocando vivir a todos en la barriada de El Palo, de donde procede la familia de Julen. Estamos todos tan conmocionados, tan tristes con el corazón partido por esos padres. Pero aún así, no podemos dejar de nombrar a todas las personas que han estado trabajando en el rescate, que sabemos que se han dejado la piel, que han llorado de frustración y aún con todas las dificultades han seguido adelante. ¡Que no hubieran dado muchos de esos trabajadores al igual que los vecinos por poder ir más rápido y que el terreno fuera otro y más fácil para trabajar! A todas esas personas que han estado allí, que sepan que hemos estado con ellos, en espíritu, desde donde podíamos animando a que siguierais adelante y a que nadie de desanime. Que este barrio tiene una gran deuda con todas esas personas, han sido increíbles. ¡Gracias por el amor y la generosidad que habéis tenido! Hoy nuestro barrio está de luto, hoy lloran nuestros corazones por Julen, por sus padres y familiares. A esos padres, no tenemos palabras de consuelo para ellos porque no creemos que existan, pero desde la Asociación les enviamos un gran abrazo con todo nuestro cariño.