Esta petición fechada el 28 de diciembre de 1835, y realizada por Melchor y Francisco Román, en compañía de José Martín Gambero como representantes de los habitantes de la población paleña, no fue la primera, ni sería la última que los vecinos hiciesen; anteriormente, en 1823, presentaron una solicitud, cuyo recorrido finalizaría en el despacho del gobernador por no mantener el barrio los requisitos requerido para dar continuidad a la petición.
Los demás firmantes del escrito fueron los siguientes vecinos: Antonio Galván, Diego Gómez, Antonio León, Juan Pedro López, José Segovia, Antonio Román, Pedro Román, Blas Heredia González, José Navarro, Francisco Albarracín, Cristóbal Cervantes, Miguel Villatoro, José González, Antonio Galán, Francisco Soler y López, Juan Fernández, Juan Diego Cervantes, Andrés Rodríguez, Francisco Xerez, Juan Soler, Juan Pedro González y José Delgado. Algunos de ellos ya habían firmado la solicitud de 1823.
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Sin embargo, este nuevo documento en el que se solicitaba que “no se le considere como una calle de la ciudad y si como pueblo”, interesó vivamente al gobernador, que requirió mayor información al Presidente del Ayuntamiento de Málaga, e incluso vino al barrio para personalmente entrevistarse con el cura de la capilla de El Rosario, el comandante de la Guardia Civil, y el alcalde pedáneo cesante, José Soler, que era considerado como vecino influyente de una población en la que, no todos sus habitantes estaban de acuerdo en formar ayuntamiento propio.
En este segundo intento para lograr ser pueblo, el barrio hubiese tenido opción de lograr su propósito según las leyes vigentes. Había suficiente población para formar su ayuntamiento, y le favorecía la rectificación de la Diputación malagueña de los límites de la Provincia y de los Partidos Judiciales.
Por aquellos años, El Palo tenía igual o mayor cantidad de habitantes que pueblos cercanos, como Olías, que solo mantenía 180 vecinos, Benagalbon 300, Moclinejo 314, o Totalán con 164. Pero ni la cantidad de habitantes ni las modificaciones, afectarían positivamente en su solicitud al arrabal paleño, ya que sus más de trescientos vecinos figuraban anexionados a la población de Málaga capital, que ascendía a 16.223 habitantes; aunque no era solamente este el motivo por el que se le negaría dejar de pertenecer a la capital como barrio, existían otras causas importantes, que por su complejidad y extensión no se trataran en esta exposición, en la que solo reflejaremos brevemente el que prevalecía sobre los demás.
La contestación de la municipalidad malagueña, tras un paréntesis de cuatro meses y un minucioso estudio, es enviada con fecha de 5 de abril de 1836 al gobernador, ofreciéndole en ella una larga e interesante exposición de datos. La misiva considera finalmente que la solicitud era inviable al no encontrar razones, sobre todo económicas, para dictaminar la emancipación del barrio, que por entonces, según indicaba el informe “la población del Palo se sostiene por su industria, que consiste en unos seis armadores que con ocho barcas se ocupan de la pesca. Para estas faenas contratan trabajadores por determinadas épocas, siendo la mayor parte de Adra y Vera, de donde vienen con sus familias a trabajar”….”cuarenta y ocho son los contribuyentes,entre ellos se observa que muchos no son vecinos de ella, pues viven en huertas y ventorrillos a largas distancias, sin que pueda llamárseles propietarios ni vecinos…”
La comisión de Hacienda igualmente fue reticente a la desmembración del barrio, indicando “que hay trescientos y más vecinos, según los padrones 11 colonos y 109 propietarios, 98 de la clase industrial y 3 de fábricas, los demás ocupan el lugar de jornaleros.”E igualmente entregaron al gobernador, Sr. Del Olmo, una minuciosa descripción de los gastos y los ingresos, que claramente resultaban deficitarios, ya que la población no generaba suficiente economía como para mantenerse por ella misma.
Y el Ayuntamiento, “que hubiese deseado encontrar razones en que poder apoyar su dictamen para la emancipación…”al no hallarlassegún indicaba en el último informe, cerró la carpeta con los expedientes y dio por finalizada la tramitación.
No así los vecinos, que años más tardes continuarían insistiendo en su petición.
José Antonio Barberá
