FÁBRICA DE CEMENTO DE «LA ARAÑA»

Su presencia negativa se aprecia desde distintos puntos de la costa tanto por día como la noche.

. Se trata de la fábrica de cemento de “La Araña” camino de convertirse en un icono de lo que no debe ser, de lo que no debe permitirse en estos tiempos tan lejanos de la revolución industrial del XVIII. Es como si un fenómeno histórico, probablemente necesario en el devenir del desarrollo humano a juicio de los hegelianos, no sólo se resistiera a desaparecer de su ubicación actual, sino que se remoza y amplía. Nadie duda de que una fábrica de cemento es necesaria para una sociedad que tiene que construir sus techos y sus viviendas; pero quienes velan o deberían velar por el bienestar de la población que dicen proteger deberían buscar soluciones, en cuanto a su ubicación,  a ese tipo de actividad tan contaminante, ruidosa  y desagradable en el seno de una ciudad tan bella como Málaga.

            No se puede ni se debe asumir esta realidad como una condena metafísica. Busquen soluciones quienes deben hacerlo. Esa fábrica, en su actual ubicación, es un atentado no sólo contra la salud pública (en determinados momentos del proceso de producción sus chimeneas lanzan al aire un humo espeso con partículas en suspensión irritantes, al menos para quienes circulamos en moto y a pesar del ambiente verde que recrea un cartel en su exterior)  sino contra la estética y el sentido común.

 

                                                                                  Fdo.: Antonio Caparrós Vida.

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