Ideología

21/09/2020

Nadie sabe nada, y yo menos. Pero los expertos repiten desde hace meses las mismas palabras: rastreadores y atención primaria. Cuando estábamos confinados, ya las escuchábamos a diario, como la única medida eficaz para garantizar la nueva normalidad. Pasado el verano, hemos fracasado, volvemos a los confinamientos parciales y seguimos escuchando la misma canción, rastreadores y atención primaria. Sobre todo en Madrid, pero no sólo en Madrid, el refuerzo de los centros de salud ha sido nulo o, incluso, negativo. No sólo no se ha contratado a más médicos, sino que se han recortado plazas en ambulatorios desbordados desde hace meses. Bastante hacen, declaran los pacientes que hacen cola en la calle cuando les preguntan por quienes los atienden. A finales de marzo, el Colegio de Médicos de Madrid ofreció 1.800 rastreadores voluntarios al Gobierno de la Comunidad, que ni siquiera les contestó. Ahora sabemos que sueña con llegar a 1.500 en octubre. ¿Por qué? Los vecinos más pobres de la capital no pueden salir de sus barrios, excepto para ir al centro, a trabajar, en vagones de metro repletos y autobuses atestados. Por supuesto que se les aparta, por supuesto que se les estigmatiza, pero, además, las autoridades no aumentan ni la frecuencia ni la dotación de los transportes públicos. ¿Por qué? Por la misma razón, cabe concluir, por la que no se invierte en la atención primaria. Porque cualquier mejora de los servicios públicos redundaría en detrimento de los beneficios del sector privado y, por tanto, de la larga tradición de privatizaciones y externalizaciones sobre la que se han asentado las políticas del PP, sobre todo en Madrid, pero no sólo en Madrid. Por ideología dura y, en estos tiempos, en absoluto pura.