La Málaga que se vacía por dentro: la huida silenciosa de los jóvenes

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La subida del precio de la vivienda y la presión turística expulsan a familias jóvenes de sus barrios de origen, una situación que sufren principalmente en la capital las zonas del Palo y Pedregalejo

Málaga crece, pero no en todas direcciones. Mientras el padrón municipal suma habitantes año tras año, la ciudad pierde a una parte esencial de su pulso vital: la población joven, especialmente aquella que nació y creció en barrios hoy sometidos a una intensa presión inmobiliaria y turística. El fenómeno, lejos de limitarse a las rentas más bajas, atraviesa clases sociales y dibuja una ciudad que expulsa a sus hijos hacia la corona metropolitana, tensionando al mismo tiempo sus infraestructuras.

Así lo sostiene Pedro Marín Cots, doctor en Economía especializado en Urbanismo y Medio Ambiente, en su libro ‘La complejidad de la vivienda’ (Recolectores Urbanos), un ensayo que pone cifras, mapas y contexto a un proceso que ya se percibe en la calle.

Los datos que aporta este urbanista en su libro confirman una tendencia que ya se percibe en la calle: la población joven y los niños desaparecen de los barrios tradicionales mientras la ciudad se expande hacia la periferia. “Los datos son realmente tremendos”, resume Marín Cots.

Málaga ha recuperado el crecimiento demográfico tras la gran recesión, con un aumento cercano al 1% anual, impulsado sobre todo por población extranjera. A 1 de enero de 2025, la ciudad contaba con 591.637 habitantes, aunque los datos de consumo de agua y residuos apuntan a una población real superior, o población flotante, que podría situarse entre 620.000 y 630.000 personas, sin contar turistas.

Sin embargo, ese crecimiento no se traduce en arraigo. “Entre 2015 y 2023, casi 40.000 personas de entre 25 y 40 años y sus hijos han tenido que irse de Málaga”, explica Marín Cots. “Los datos muestran que el desplazamiento de la población joven ha sido interclasista, afectando a barrios de rentas bajas, medias y altas”.

Barrios que envejecen y barrios que expulsan

El análisis detallado barrio a barrio que ofrece ‘La complejidad de la vivienda’ confirma que Málaga no se vacía de golpe, pero sí se vacía por dentro. Entre 2015 y 2023, muchos enclaves tradicionales apenas registran descensos de población total, pero sufren auténticos desplomes en las franjas de 25 a 40 años y menores de 10, justo las edades que sostienen la vida familiar y el relevo generacional.

El caso de El Palo es paradigmático. La población general apenas baja un 2,5%, pero la población joven lo hace en más de un 10%. La brecha se agrava en las zonas más tensionadas por el turismo: en Playas del Palo y Pedregalejo Playa, la población infantil y joven se reduce hasta en un 32%, mientras la pérdida total de habitantes es mucho menor. La lectura es clara: las casas siguen ahí, pero ya no viven familias.

El mismo patrón se repite en otros barrios del litoral este y del Centro. En La Malagueta, uno de los enclaves más cotizados de la ciudad, la población infantil cae casi un 49%, un dato que retrata con crudeza la sustitución de hogares estables por otros usos residenciales. En La Caleta y El Limonar, zonas históricamente asociadas a rentas medias y altas, la población joven también retrocede con fuerza, demostrando que la expulsión ya no distingue por nivel económico.                                                                    Para Marín Cots, el diagnóstico es inequívoco: “Una ciudad que expulsa a sus jóvenes es una ciudad que compromete su futuro”. La vivienda, la movilidad y el modelo urbano forman un sistema interdependiente. Málaga, concluye, “no necesita solo más viviendas, sino viviendas donde la gente pueda quedarse”.                                                                                                                   Fuente; La Opinión de Málaga, Autor: ignacio Castillo.