Mineros

31/01/2019

Desde este mismo mes en León no queda abierta ni una sola mina de carbón. Ni un solo minero ya trabaja como tal en León.

El mítico tren de vía estrecha, el de “La Robla” ya solo es un tren turístico. Yo de adolescente leí Germinal, de Zola, y quedé impresionado, del valor de los mineros, de su lucha por alcanzar unos mínimos derechos humanos, laborales, y de sus condiciones infrahumanas de trabajo, de explotación salvaje de aquellos seres tiznados de carbón, prematuramente enfermos, de miradas que eran brasas y de rabia contenida por los palos de los esbirros de los amos. En España se sabía de los mineros.

El carbón era una materia prima esencial en mis tiempos de infancia. Hoy en día también se necesita aunque resulte más barato y rentable comprarlo fuera y, en consecuencia, se ha ido eliminando a los mineros que cuentan a sus héroes por muertos, enfermos de silicosis y supervivientes taciturnos al pozo del olvido. Ahora se ha necesitado de los mineros, viejos náufragos, y han acudido a la primera, sin un rechiste ni una sonrisa de más, desde su agrupación de “salvadores” de otros mineros que no deben quedar en la mina, por compañeros, porque entienden de la humanidad como primer valor, porque aún estos “héroes” redimidos también están en trance de desaparecer por falta de presupuesto.

Hasta que solo queden en los museos de las minas … los mineros. Hay una canción, “Asturias”, que bien podría ser el himno de esa tierra, escrita precisamente por un andaluz, que habla que “por dos veces se la jugaron, la vida a una partida, en el 34 y en el 36, y en las dos veces la perdieron”. Tal vez deberán añadir una tercera:

Su desaparición por abandono de sus dueños, amos y gobernantes, por inanición y olvido. Y también dice esa canción: “Yo soy hombre del sur, polvo, sol, fatiga y hambre, hambre de pan y horizontes, hambre …”. Y se repite la canción, en un mundo moderno, desigual y profundamente injusto, negro como la galería de una mina, heroico como el esfuerzo callado y noble de los mineros del norte.

Hablan de esos ocho mineros que llegaron a La Axarquía malagueña, a hacer lo que saben, y lo que sabían sus padres y sus abuelos, y ya los devuelven a sus hogares, tildados de héroes, expuestos a que desaparezca su Asociación de Salvamento Minero. Una vez que han logrado recuperar a su compañero minero más pequeño, a Julen. Recordaba el “abuelo de Víctor Manuel que fue picaor en la mina”, “el olor de la pólvora mojada y el sabor del carbón mientras picaba, quemando su vida mientras arrancaba el carbón de la mina…” era ya el rescoldo de su desmemoria.

Han llegado los ocho mineros, desde Asturias, a las tierras del sur, han trabajado, callados, han excavado, se han tiznado de sudor negro y de aliento inmaculado, y ya tornan hacia su exilio interior, callado y mudo. Porque son bravos, porque dicen que también son héroes, porque son ajenos al espectáculo y siempre cumplen, porque son de hierro y carne, de algodón y pedernal, los hombres de la mina, los hombres de nuestro pasado que, por breves instantes, han regresado al tiempo que los había obviado como antiguallas a ¿visitar? Héroes involuntarios de una tragedia. Los mineros … descendiendo a la mina, bajo la inmensidad de un cielo de roca y carbón.