PERVERSIONES POLÍTICAS

La dialéctica de la democracia representativa tiene aspectos perversos que no dejan de causar serias preocupaciones en quienes entendemos que la única posibilidad de enriquecer las democracias es la de orientarlas en un sentido participativo, esto es, en dar, cada vez más, participación a una ciudadanía que no debería conformarse con ser legitimadora del sistema cada cuatro años, sino que, dado que es el fundamento, la base de este sistema, debería ser su protagonista día a día con mecanismos ad hoc de control de sus re-presentantes. Dichos aspectos se dejan sentir en estos momentos preelectorales en la medida en que el juego político parece abocado a un bipartidismo más o menos inevitable. Así, por ejemplo, me parece un síntoma inquietante que personalidades del arte como Victor Manuel o Joaquín Sabina apuesten por el voto útil apoyando a Zapatero a propósito de su examen el próximo 9 de marzo.

Parece que no hay otro remedio: ante la alianza entre la Iglesia y la extrema derecha vencedora en el interior del PP saltan todas las alarmas y da la impresión de que no hay muchas más posibilidades. Es la lógica perversa a la que me refiero. Porque el sistema representativo sigue inalterable: el poder ciudadano en manos, por fe,  de individuos que vaya usted a saber qué intenciones reales tienen, las listas siguen cerradas, las posibilidades de control a cuatro años vistas, etc., etc.

Ya va siendo hora de que los protagonistas sean quienes sostienen con su trabajo y su dinero toda la pirámide… y las asociaciones de vecinos tienen mucho que decir en estos asuntos.

 

                                                                       Antonio Caparrós

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