‘Se vende’: historia de la especulación en la Costa del Sol

15/03/2021

El anuncio de la construcción de un complejo de campos de golf, hoteles y viviendas de lujo en el paraje natural de los acantilados de Maro-Cerro Gordo, rincón sensible donde los haya en la Costa del Sol por sus características ecológicas y medioambientales, casi a la manera de la última gran reserva natural del área, tuvo de inmediato una fuerte contestación social: Ecologistas en Acción y la plataforma Otro Maro y otra Nerja es Posible, formada por vecinos implicados en la preservación del entorno, afirmaron, en una declaración conjunta, que el proyecto sacrificaría “uno de los mejores reductos del litoral mediterráneo español que se había librado de la vorágine urbanizadora”. Tachados a menudo de elementos enemigos del progreso y de la creación de empleo, los movimientos ciudadanos alzados en contra de los grandes órdagos urbanísticos que amenazan con acabar con delicados sistemas naturales constituyen, a menudo, uno de los últimos reductos de la participación civil en la vida política de pueblos y ciudades, en parte porque estos órdagos no ha dejado de sucederse, ni de multiplicarse, en los últimos años. El caso de Maro ganó un protagonismo especial en una investigación de I+D+I de la Universidad de Málaga puesto en marcha para analizar los conflictos sociales que generan estos grandes proyectos urbanísticos en la provincia con la entrada en juego de colectivos, vecinos y asociaciones implicados, con absoluta vocación de resistencia, en la preservación de los entornos naturales. Y fue esa investigación el germen de Se vende, una nueva serie documental que, con ánimo periodístico y con la intención declarada de poner todas las cartas boca arriba, aborda este mismo conflicto en imágenes y con los testimonios directos de sus protagonistas. El primer episodio, titulado El último vergel, abordaba justamente el caso de Maro-Cerro Gordo y, tras su reciente exhibición online (el Centro Cultural Provincial incluyó también la proyección en su ciclo de Documentales hace unas semanas), el debate ha ganado aliento y, sobre todo, ganas de más. Ahora, los impulsores de la serie han lanzado una campaña de crowdfunding para financiar los otro cuatro capítulos previstos. Y es que, en sí, la de Se vende es también una historia de resistencia.

El paraje de Maro-Cerro Gordo, en 'El último vergel'.
El paraje de Maro-Cerro Gordo, en ‘El último vergel’. / PERIPHERIA FILMS

Detrás de Se vende están las productoras Peripheria Films y Criocrea, además de la Fundación Rizoma,  una entidad sin ánimo de lucro dedicada a la investigación crítica, analítica y creativa del territorio de la provincia de Málaga en la que participan arquitectos, urbanistas, geógrafos y otros profesionales y académicos. Las dos productoras habían presentado ya otros documentales de temática social candente con notable éxito, pero llevar a la pantalla la especulación inmobiliaria de la Costa del Sol en sus últimas manifestaciones nunca podría ser nada parecido a una tarea fácil. Los integrantes del proyecto de I+D+I, titulado Saturación turística en destinos costeros españoles. Estrategias de decrecimiento turístico. Una aproximación desde la dimensión social, entre los que figuran los artistas Rogelio López Cuenca y Elo Vega, además de una amplia nómina de arquitectos y urbanistas de varias universidades (entre ellos, algunos miembros de Rizoma), decidieron apoyar el proyecto, lo que facilitó el rodaje del primer episodio. Los cuatro restantes, según el plan previsto, abordarán respectivamente el proyecto del bosque urbano en la capital malagueña opuesto a las torres de Repsol, la anunciada torre-hotel del Puerto, el ejemplo de Marbella como centro de corrupción urbanística y la progresiva destrucción del litoral en paralelo al actual modelo de desarrollo turístico. Tal y como explica a este periódico el director de la serie, Daniel Natoli, el proyecto de investigación impulsado por la UMA incluía «otros muchos casos de la provincia, como el de los Merinos, en Ronda; pero decidimos centrar todos nuestros esfuerzos en la Costa del Sol porque nos parecía un territorio suficientemente significativo para centrar el proyecto». 

«QUEREMOS LLEGAR A UN PÚBLICO LO MÁS AMPLIO POSIBLE, ALIMENTAR UN DEBATE A LA MAYOR ESCALA», EXPLICA EL DIRECTOR DE LA SERIE, DANIEL NATOLI

Ya en El último vergel quedan bien claras las premisas de la serie: si la información que llega al ciudadano cuando se anuncian grandes intervenciones urbanísticas, especialmente en parajes naturales, es en muchos casos sesgada e incompleta, Se vende da voz a quienes alertan de las consecuencias reales de tales intervenciones, lo que a menudo entra en conflicto con los intereses de las administraciones públicas. Y esto, claro, tiene consecuencias directas a la hora de buscar financiación: «Es, desde luego, mucho más difícil financiar un documental de estas características, porque lo que se cuenta aquí va justo en la dirección contraria de no pocas decisiones tomadas en los Ayuntamientos. Si todos los documentales incluyen un componente activistaSe vende lo tiene especialmente. Por eso, aunque yo mismo no soy muy amigo de las campañas de crowdfunding, en este caso me parecía la solución más coherente», señala Natoli, quien explica igualmente que cada uno de los episodios de la serie requeriría una inversión mínima de seis mil euros: «Estamos contentos porque abrimos la campaña hace muy poco y ya tenemos financiado el 60% del segundo capítulo. Somos conscientes de que será muy difícil lograr toda la inversión necesaria, pero estamos estudiando otras fórmulas añadidas. Vamos a llamar a todas las puertas a nuestro alcance, incluidas las ayudas al desarrollo de proyectos que ofrecen festivales como el de Málaga».

Proyecto arquitectónico de la torre-hotel del Puerto de Málaga.
Proyecto arquitectónico de la torre-hotel del Puerto de Málaga. / M. H.

Ese mismo carácter activista de la serie resultó determinante para que las productoras optaran por exhibir el primer episodio directamente en las redes: «Por lo general, cuando ruedas un documental, primero intentas hacerte un hueco en el calendario de festivales para presentarlo y luego lo ofreces al público online. Pero en este caso decidimos divulgarlo en Internet nada más terminarlo, porque nuestra intención también es diferente. Con Se vende queremos llegar a un público lo más amplio posible, alimentar un debate a la mayor escala que podamos, en parte porque nos hemos ofrecido a servir de altavoz a colectivos vecinales, plataformas y asociaciones», apunta Daniel Natoli, quien admite la naturaleza crítica del documental, aunque matiza: «Todos los documentales son críticos con alguna realidad, y el nuestro no lo es menos. Algunos participantes expresan opiniones que, a un nivel político, pueden resultar incómodas. Pero nos hemos guardado mucho de parecer kamikazes: todo está expresado con tacto, con sensatez y con un discurso modulado para resultar vehemente sin dejar de ser razonable». Organizaciones malagueñas como la Plataforma por el Bosque Urbano, Defendamos Nuestro Horizonte y Aire Limpio han mostrado ya su apoyo al proyecto. Si el cine documental asume entre sus principios no sólo el reflejo del mundo, sino su transformación, en lo que se refiere a la especulación urbanística en la Costa del Sol el trabajo por hacer es mucho. Y las ganas, parece, no son menos.