Una barrera de 32 escalones para la lectura

02/08/2018

La alternativa es llamar por teléfono a los bibliotecarios para que bajen los libros.

«Cuando necesito leer algo llamo a José Luis, el bibliotecario; él conoce mis gustos literarios y lo que hace es que me baja un libro», resume José Andrés Salazar, en silla de ruedas. Este antiguo médico del centro de salud del Palo, jubilado por cuestiones de salud, comenta que es la única alternativa que le queda para seguir siendo usuario de la Biblioteca Emilio Prados.

En la calle Almería, 43 lleva cerca de una década este equipamiento, en una primera planta que sólo se puede salvar tras subir 32 empinados escalones, y aunque cuenta con una rampa elevadora para personas con movilidad reducida, se ha quedado tan desfasada que apenas se adapta a los modelos actuales de sillas de ruedas.

«En mi caso, la sillita pesa 40 kilos, pero el problema es que le sobran dos centímetros y no se puede cerrar el dispositivo», cuenta José Andrés. A su lado está Francisco Javier Cordero, en silla de ruedas. En su caso, descarta la rampa por insegura. «No me fío, además de que es un tramo muy largo», comenta. Francisco sí era usuario de la Emilio Prados hace cerca de una década, cuando estaba en un edificio diáfano en la calle Real.

En cualquier caso, ayer por la mañana usar la rampa era imposible porque, tras dar al timbre y esperar unos diez minutos para que bajara el bibliotecario, este comprobó que se habían llevado la palanquita para ajustar la dirección.

La rampa, comenta José Andrés Salazar, solo la usa Pilar, una usuaria muy asidua y apunta que, además, durante la subida hay que agacharse para no darse con el falso techo.

«Cuando estaba en el centro de salud me lo comentaban: las personas mayores no suelen venir aquí, no pueden porque se lo impiden los escalones al tener mal la rodilla, y es una pena porque es una biblioteca muy bien dotada y el personal es increíble», subraya.

La primera en lamentar la situación es la directora del centro, Pilar Menoyo, que ayer resaltaba la poca accesibilidad, lo que hace que muchas personas se lo piensen antes de entrar. Además, comenta que la Emilio Prados tiene problemas de humedad en el sótano y tampoco es accesible la segunda altura de la sala de adultos. «Somos los primeros interesados en que esto cambie», señalaba ayer. En su opinión, la mejor opción sería buscar un nuevo emplazamiento, más accesible, dentro del barrio.

De la misma opinión es la asociación de vecinos del Palo. Francisco Leal, dirigente vecinal, comenta que el lugar ideal sería la antigua Facultad de Derecho en la avenida de la Estación, el actual Centro Internacional de Español de la Universidad de Málaga.

Para la presidenta vecinal, Mercedes Pírez, «estamos por ese cambio sin duda, pero dependerá de convenios y mientras tanto, hay que posibilitar que estas personas puedan entrar en la biblioteca».

La concejala de Cultura, Gemma del Corral, declaró ayer que el distrito Este estaba barajando varias alternativas «y apoyaré la mejor, aunque el cambio de ubicación quizás no sea la más fácil y rápida porque no sé si habrá alternativas en el entorno».

De momento, en El Palo leer se hace muy cuesta arriba.