Hace cerca de una década, coronó la cima por corto tiempo la escultura de un estridente guerrero asiático. En nuestros días, acompaña a la cruz, a pocos metros, un discreto y artístico homenaje a la lectura

Alfonso Vázquez

Alfonso Vázquez

Hace algunos años, a finales de 2017, una o varias personas se molestaron en transportar hasta la cima del Monte San Antón una suerte de guerrero tailandés o balinés, arco en ristre, dispuesto a disparar -se ve que los precios de las viviendas-. La escultura, de impoluto azul claro, pesaba lo suyo, y habría sido un digno castigo para Sísifo, si tuviera que rehacer esa subida a diario.

Servidor ignora dónde terminó la aguerrida escultura; que ya se quedó manca por obra y gracia de los vándalos de turno, a los pocos días. Eso sí, la obra, de medir sus buenos seis metros de altura, habría encandilado a nuestro impresionable alcalde, quien seguro que la habría añadido al prestigioso conjunto portuario de Venus, Neptuno y sus leones, cumbre de la escultura pública europea -con permiso del Monumento al Jamón en Calamocha (Teruel)-.

El guerrero asiático, en el San Antón en enero de 2018, ya vandalizado.

El guerrero asiático, en el San Antón en enero de 2018, ya vandalizado. / A.V.

El problema del guerrero balinés, o hindú, o tailandés es que se trataba de una escultura mueble de fácil ‘despeñe’, lo que explicaría su pronta manquedad.

En Málaga, en todo caso, conocemos de sobra las desoladoras consecuencias de emplazar esculturas en los lugares más inadecuados, especialmente cuando se acercan las elecciones y todo vale.

Cosa bien distinta es la que puede verse en la cima del San Antón desde hace poco, y que por su discreción, originalidad y sistema de sujeción, todavía no ha recibido la demoledora caricia del ningún ‘Hominidus vulgaris’.

Otra vista de la escultura, con la Bahía de Málaga al fondo.

Otra vista de la escultura, con la Bahía de Málaga al fondo. / A.V.

El reemplazo

La obrita se emplaza no junto a la cruz, como el balinés en su día, sino a unos metros con inigualables vistas de los cortes rocosos del cerro. Y lo importante es que, de momento, está bien sujeta.

Pero lo más conmovedor, en estos tiempos en los que los carruseles de vídeos cortos absorben-y tuestan- el seso de más de media Humanidad es que, de forma muy esquemática, representa a una persona leyendo un libro de papel.

De paso, la escultura está diseñada de tal forma que ese lector o lectora parece estar dentro del mundo interior que le regala la lectura.

Vandalismo pictórico en la cima del San Antón, este mes.

Vandalismo pictórico en la cima del San Antón, este mes. / A.V.

Contrasta esta dosis de belleza artística sin egos de Maradona, con la clásica demostración de fuerza bruta en lo alto del monte: la cima sigue exhibiendo las bajas cotas que puede alcanzar un ser humano manejando un espray. Las pintadas que atiborran las rocas, lejos de enlazar con el arte sublime de la Prehistoria, entroncan con una indigestión de callos.